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LOS CUENTOS DE LA PESTE O LA ÉTICA DE LA FICCIÓN

Vargas Llosa

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Tuve la fortuna de disfrutar de la notable actuación de Mario Vargas Llosa, cuya obra Los cuentos de la peste (Alfaguara 2015) se representó en el Teatro Español de Madrid del 28 de enero al 1 de marzo. Esta es la cuarta incursión como actor del escritor; antes participó en La verdad de las mentiras (2005), Odiseo y Penélope (2006) y Las mil noches y una noche (2008). La elegancia y sobriedad de su desempeño no desentonaron frente a la maestría actoral de Aitana Sánchez Gijón, la musa teatral del Nobel, y al impecable Pedro Casablanc. Los jóvenes Marta Poveda y Óscar de la Fuente fueron las delicias del público que colmó un teatro modificado para la ocasión, pues las acciones se desarrollaron en la parte central del recinto. En este artículo, deseo compartir tres brevísimas reflexiones que desglosan la ética de la ficción, una de las interesantes propuestas de esta sobresaliente pieza teatral.

La ficción como protección ante la realidad

El duque Ugolino, el poeta Giovanni Bocaccio, Filomena y Pánfilo deciden ocultarse en Villa Palmieri para protegerse de la peste que asola la ciudad italiana de Florencia. Los cuentos que se narran y representan –con desnudo en escena de Marta Poveda y Óscar de la Fuente– nacen como protección contra la tragedia exterior y alivio ante el ahogo del encierro. Las ficciones, que ellos mismos se obligan a crear, desbaratan el carácter dramático de la peste y ayudan al equilibrio sicológico y social. Verbigracia: todos olvidan que, en una esquina, hay un burro en descomposición, incluso se sientan y bailan en él para seguir fantaseando. Además, Pánfilo finge su muerte e inmediatamente se ríe por haber engañado a los demás. Con ello, Vargas Llosa nos invita a reflexionar sobre el dominio de nuestra actitud ante sucesos funestos, ¡burlándose de la muerte!, y, mucho más importante, realza el carácter ético de la ficción. Esta adquiere una enorme responsabilidad frente al ser humano, sus temores y sus anhelos. La ficción sí influye en él, principalmente en la manera de observar y asumir el mundo exterior.

Todo es válido en la ficción… ¿o no?

Los asistentes al Teatro Español observamos en escena muertes, relaciones incestuosas, sacerdotes y monjas dejándose llevar por la gula y la lujuria, entre otros pecados capitales. Hastiada de tanto desenfreno, Filomena propone a los demás narradores inventar historias de mayor provecho. En otro momento de intenso dramatismo, justo antes de concluir la representación, Ugolino (Vargas Llosa) le advierte a Alminta, una mujer existente solo en la fantasía del duque, de que él puede hacer con ella todo lo que se le antoje, pues es su creador.

Si bien, la ficción literaria posee libertad de creación, el Nobel llama poderosamente la atención sobre los excesos del libertinaje textual y la responsabilidad del autor tanto con el universo creado, como con los potenciales receptores. La ficción tiene una ética interna, unas normas de comportamiento que ni al propio escritor le está permitido exceder. No, no todo es válido en la ficción y en el arte.

La ficción como encantamiento

En Los cuentos de la peste, las historias van adquiriendo un fuerte cariz cómico. Las risas logran que los protagonistas olviden la mortandad que se padece en Florencia. Cuando la peste termina y pueden salir, contemplan la ciudad mucho más agradable; la podredumbre y los muertos sin enterrar carecen de interés, salvo el milagro de estar vivos. En esta ética de la ficción, Vargas Llosa insiste en los beneficios de la imaginación frente a los desencantos de la realidad. ¡Cuántas veces no hemos soñado con un mundo mejor! La ficción no es un engaño, sino un mecanismo que nos facilita descubrir y privilegiar lo maravilloso de este planeta en que, inevitablemente, vivimos. Ella nos hace conscientes de la autoridad que debemos tener sobre la propia existencia, modifica nuestra actitud ante la vida y nos devuelve la libertad de decidir cómo afrontarla.

Comentario final

Los cuentos de la peste es una obra inteligente, histriónica y de difícil puesta en escena. En ella, Vargas Llosa vuelca su destreza técnica y sus agudas meditaciones sobre el hombre, el arte y la vida, ofreciéndonos brillantemente esas “imágenes mordaces de la resistencia del individuo, su rebelión y su derrota” que le merecieron el premio Nobel en el 2010. Ojalá que pronto en el Perú se pueda disfrutar de esta realización.


Ficha técnica

Dirección: Joan Ollé
Intérpretes: 
Mario Vargas Llosa (Duque Ugolino)
Aitana Sánchez Gijón (Aminta) 
Pedro Casablanc (Giovanni Bocaccio)
Marta Poveda (Filomena)
Óscar de la Fuente (Pánfilo)
Escenografía: Sebastià Brossa
Vestuario: Miriam Compte
Nazaret Solís Mendoza
Doctor en Teoría Literaria y Licenciado en Educación. Más artículos del autor en nazaretsolis.blogspot.com
Pintura
Nuria S. Alegría. Óleo sobre lienzo. Serie de abtractos. 

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