Quiénes Somos

Mordistritus no es un gato. Mordistritus no es un cuento.

Es una idea, un concepto, un proyecto, un menos que todo eso. En algún corazón joven que se engomina de viejo es donde escupió su primera bola de pelo. Pero ese latido lo dio alguien que soñaba con su País de las Maravillas y acabó de arquitecto. Iba a ser una mascota. Iba a ser una fábula. Iba a vivir aventuras, a ser un icono, una metáfora. Iba a llevarte a la cama, a aterrorizarte bajo ella. Pero se quedó a medio camino entre formar el firmamento y apagar las estrellas.

Mordistritus, empero, no se quedó tieso. ¿Por qué desdibujarme, maulló, si puedo vengarme de ellos? ¿Por qué hacerlo, si aún puedo guiarles por el Lucero del Alba hasta quedarme a un paso del Averno?

En su sucio callejón, amotina a los demás excrementos. Cuando alguien comete ese crimen que es ser escritor, él acecha con pereza. Y si la vida real les hace perder la cabeza, Mordistritus las atrapa al vuelo y teje su madeja con ellas.

Mordistritus no olvida. Sus cabezas tampoco. Juega con su madeja a fingir que son los astros: aquí un Garfio y aquí un Esopo. Las cabezas recitan a su merced las historias que nacieron para contar, y su aborto cobarde y a deshora no las va a excusar.

‘Escupe, escupe’, no deja de maullar. ‘Escupe, escupe lo que un día ibas a besar’.

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