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Rufino Toraño (I)

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Yo contemplé el barro en las ventanas.
El monstruo que duerme en el hueco
imposible de una palabra.

Cómo se desvanecieron los contornos al ritmo
de los trenes y la noche.
Fui testigo.

No bastaron los ruegos ni las oraciones.
De nada sirvieron el oro ni la sangre abierta de los sacrificios.

El cielo tembló y no hubo consuelo.

Luego todo fue fuego y esta amarga ceniza.

Solo entonces la nada floreció.
 
 
Entonces la ira.


Rufino Toraño

Fotografía: Martín T Raggio

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